Me he hecho vendedora de biblias.
Tú también llevas uno dentro, seguro.
Lo que pasa que está ahí escondido, lo dejaste en la infancia.
Bajo capas y capas de socialización.
Mira lo que he aprendido hoy:
Hoy, por lo que sea, acabé en una ciudad rodeada de turistas.
Y casualmente llevaba libros en la mochila.
¿Qué libros?
Ah, ¿no te he contado que también soy escritora?
Bueno.
Eso ahora mismo no viene a cuento.
Sigo.
El caso es que había muchos guiris.
Que son bastante mi público.
Y pensé:
Pues ya que estamos aquí...
A veces hago esto.
Le cuento a alguien que he escrito un libro que creo que le puede ayudar, saco uno de la mochila y se lo vendo.
Muy sofisticado todo.
Marketing omnicanal lo llaman algunos.
Yo lo llamo llevar libros encima just in case.
El caso es que estaba con mis hijos.
Y entonces mi hija, que tiene 6 años, empezó a hablar con un grupo de guiris cuando la oigo:
“Do you want to buy my mum’s book?”
Así.
Sin calentamiento.
Sin lead magnet.
Sin nurture sequence.
A degüello.
Uno de ellos se ríe y le pregunta:
“What is the book about?”
Y ella:
“It’s for learning Spanish.”
Bueno.
No exactamente.
Pero tampoco iba a ponerme a corregirle el positioning en mitad de la venta.
Otro le pregunta:
“Did your mum write it?”
Y ella, orgullosísima:
“Yes. My mum is a writer.”
“And it’s very good.”
Claro.
Objetividad ante todo.
Entonces uno cogió el libro, empezó a mirarlo y mi hija, viendo que la presa dudaba, siguió:
“Buy one.”
No “if you want”.
No “have a look”.
No “maybe”.
Just buy one.
Sales training by Satan.
Y entonces alguien preguntó cuánto costaba.
Ella vino corriendo:
“Mum, how much?”
Le dije el precio.
Volvió.
Les dio la cifra.
Y en algún momento la cosa se descontroló porque acabaron diciendo algo como:
“Ok, we’ll take five.”
Los cinco.
Cling, cling, cling
Hubo un momento en el que me vi desde fuera y pensé:
Madre mía.
Soy una vendedora ambulante con dos menores involucrados en la operación.
Que tampoco era cocaína.
Eran libros.
Y me sentí orgullosa qué quieres que te diga.
Y no porque sea adorable.
Que lo es.
Pero es que esa niña hinca el diente y no suelta.
En cuanto vimos el dinero, además, me dijo:
“Con esto luego podemos ir a la juguetería.”
Tiene SEIS años.
Ya estaba negociando su comisión :)
Entonces empecé a pensar...
Lo mismo vendemos más libros así en dos horas que en un mes en Amazon.
Es posible ya te digo.
Y
después pensé:
A lo mejor me quitan la custodia por explotación infantil.
Pero hay algo que me gustaría que no perdiera nunca.
Ese instinto.
Ver una oportunidad.
Acercarse.
Preguntar.
Ofrecer.
Y no hacerse 17 películas mentales antes de abrir la boca.
Los niños hacen muchas cosas que de adultos dejamos de hacer porque nos volvemos unos flojos.
Luego hay que aprender técnica, claro.
A quién vender.
Qué decir.
Cómo construir una oferta.
Cómo insistir sin ser un pesado.
Cómo vender sin parecer un vendedor de biblias.
Eso también se aprende.
Monge Malo te cuenta cómo lo hace él.
Con detalles.
Y además puedes preguntarle.
En el Grupo hay de todo, gente increíblemente generosa dispuesta a compartir su basto conocimiento, y tontos del culo; si entras que no te extrañe. Pero esos tontos del culo están consiguiendo ventas. Y si ellos pueden cualquiera puede. Tú también.
Mañana, mañana
Monica
P. D. Mi hija todavía no está disponible para consultorías.
Estoy negociando condiciones.