El restaurante mexicano en Madrid donde la Reina Leticia rememora sus tiempos en México

Lo que un restaurante mexicano de Madrid enseña a cualquier empresa

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Ayer fui a cenar a un sitio increíble

¿Y a mí qué me importa?

Pués tienes razón...

Lo que te va a sorprender es la atención del propietario, un chef muy valorado y muy humilde, y lo que hace él en el restaurante, y que se puede aplicar a cualquier empresa.

Sin redes sociales ni mierdas.

¿Qué hace?

Pues te lo explico.

El restaurante es mexicano, y es uno de los mejores en Madrid, te lo recomiendo, se llama Tobalá, y uno de los titulares que he encontrado sobre su restaurante:

"El restaurante mexicano en Madrid donde la Reina Leticia rememora sus tiempos en México".

Aunque con humildad, él quiere servir a cualquiera que vaya a su restaurante y quiera probar la auténtica experiencia de viajar a México sin salir de Madrid.

Pero

Es que mejor que te lo cuente él, porque contado por mí va a parecer que me lo estoy inventando.

Pero vamos.

Te cuento lo que viví yo.

Nos dijo que, mientras hacía un curso en una universidad de México, alguien apareció con un códice antiquísimo. No un libro viejo. Un códice. Un códice escrito en una lengua indígena dificilísima de traducir.

Y dentro había una receta; la receta de un dulce, antiquísima.

Él se trajo el códice a España. Y aquí, junto con un experto de la Universidad Complutense, consiguió traducirlo.

Palabra por palabra. Ingrediente por ingrediente. Proceso por proceso.

Hasta reconstruir la receta.

Y entonces nos dijo algo que me hizo mirar de otra manera lo que tenía delante:

—Lo que vais a probar ahora es esa receta.

Y allí estaba yo.

En un pequeño pueblo de la sierra de Madrid, con varios siglos de historia encima de un plato.

De repente ya no estás comiendo un postre, sino que estás siguiendo un recorrido absurdo. Desde alguien que cultiva una planta en México, a otro espera el momento exacto para recogerla.

Otra persona la prepara, otra la seca, otra la transporta, y cruza kilómetros y kilómetros. Cruza todo un océano y llega a España.

Un códice sobrevive durante siglos y alguien lo encuentra, otro consigue leerlo en una lengua muerta y un profesor lo traduce.

Un cocinero experto y perseverante reproduce la receta.

Y después de cientos de años, decenas de personas y miles de kilómetros… acaba dentro de tu boca.

Mientras lo probábamos, él seguía contando la historia.

Nos habló de la vainilla. Pero no de "vainilla" como el botecito triste que tienes al lado de la levadura.

Vainilla de Veracruz. La planta, la vaina, la humedad adecuada y el momento exacto de la recolección. Cómo la tratan, viaja miles de kilómetros para no perder las propiedades.

Para acabar en un pueblo diminuto de la sierra de Madrid.

Delante de mí.

Solo para aromatizar unos centímetros de postre.

Y ahí mi cabeza se fue completamente, como ahora mismo me estoy yendo...

Me imaginé una corte con una mesa enorme y oro, mucho oro.

Criados entrando con productos llegados de un mundo que para los europeos de entonces prácticamente acababa de aparecer.

Y me imaginé a la reina Isabel probando el cacao por primera vez.

Ese sabor oscuro, amargo y extraño. El alimento de los dioses, aderezado con la vainilla de Veracruz.

Ese perfume brutal metiéndose por la nariz antes incluso de tocar la lengua.

Productos que habían cruzado océanos y por los que, siglos atrás, probablemente alguien habría dado una fortuna.

Y yo tenía todo aquello delante.

En un plato pequeño.

Lo probé.

Y joder.

Durante unos segundos me sentí reina.

De las que podían mandar un barco al otro lado del mundo porque les apetecía probar algo que nadie más podía conseguir.

Con acceso a lo raro, lejano, a algo que otros ni siquiera sabían que existía.

Me sentí sentada en un trono, orgasmando un poquito con cada cucharada y pensando:

Así debe de sentirse alguien cuando tiene lo más exclusivo del mundo al alcance de la mano.

Y entonces entendí lo que aquel hombre acababa de hacer.

No nos había vendido un postre.

Nos había vendido quinientos años, México, un códice, un viaje transatlántico, una vaina cultivada en Veracruz, una reina, un imperio, historia...

...Y una receta que había sobrevivido durante siglos para acabar, por algún motivo absurdo, en mi boca.

Todo eso dentro de un plato.

Sin decirte diecisiete veces que aquello era "premium".

Ese fue para mí el verdadero máster.

Cómo coger algo extraordinariamente exclusivo…

y ponértelo delante con absoluta simplicidad.

Porque cuando algo tiene una historia así, no necesitas gritar que es exclusivo.

Solo necesitas contarla.

Y dejar que la persona dé el primer bocado.

ÑAM

Antes de llegar a esto tenemos qué ver qué falla y cómo arreglarlo, y después hacemos que tus clientes orgasmen de placer y se sientan especiales.

Es...

Aqui

En qué consiste una auditoría conmigo:

El precio por la auditoría de tu lista de email es de 350 €.

(Cada semana sube el precio hasta los 500€)

Día 25 de septiembre el precio sube a 390 euros.

Antes de empezar la auditoría, vamos a pactar esto:

Queremos llegar a algunas hipótesis, vamos que te estás preguntando algunas cosas sobre tu negocio:

Si el proceso funciona.

Si estamos dejando a mucha gente fuera.

Si se podría hacer más con menos esfuerzo?

Durante aproximadamente un mes analizamos cómo estás captando contactos, qué ocurre después de que entran en tu lista, qué les estás vendiendo, qué no les estás vendiendo y qué oportunidades podrían estar escondidas en tus propios datos.

La idea es partir de hipótesis.

¿Podrías llevar más gente desde tus redes, u otros lugares a tu lista?

¿Tu lista está perdiendo interés porque apenas recibe comunicación?

¿Hay antiguos clientes que podrían volver a comprarte?

¿Existen productos más pequeños, más sencillos o recurrentes que tu comunidad estaría dispuesta a comprar?

¿Podrías vender más sin crear continuamente contenido, campañas o productos nuevos?

Miraremos todo eso.

Pero también hablaremos mucho contigo y con tus clientes.

Porque una de las partes más valiosas de una lista de email no son los emails.

Es tener acceso directo a las personas que ya han levantado la mano y han dicho: "Esto me interesa".

De esas conversaciones salen objeciones, deseos, palabras, nuevos productos, ángulos de venta y muchas veces respuestas que llevabas meses buscando fuera.

Y están justo ahí, delante de tus ojos.

Al terminar recibirás un informe con los principales hallazgos, las oportunidades detectadas y diferentes caminos que podrías seguir.

Después puedes implementarlo tú.

O podemos probar las hipótesis juntos durante tres meses mediante una estrategia de email marketing.

Y mi objetivo no es complicarte el negocio.

Es exactamente lo contrario:

averiguar si podemos hacerlo más simple, más rentable y mucho menos dependiente de estar constantemente buscando clientes nuevos.

Empezamos

Mañana, mañana

Monica