Te dije que te iba a contar la historia del holandés errante.
Te la cuento. Es graciosa.
And you know me.
Si cuento una historia es porque al final intento sacarle algo que sirve para todo en la vida.
Business.
Work.
Life.
Whatever mess you are currently in.
El holandés compraba y vendía coches de Alemania.
Ese era su business.
Buscaba coches buenos allí.
Los compraba. Los conducía hasta España. Los matriculaba.
Y los vendía.
Simple.
Buy here.
Sell there.
Make money in the middle.
Total.
Que una amiga mía y yo pensamos que aquello sonaba a aventura.
She was going with him.
And I went too.
De sujeta velas.
Porque alguien tenía que hacerlo.
Así que allá nos fuimos por Alemania, de concesionario en concesionario, escuchando a señores alemanes explicarnos características de coches alemanes.
En alemán.
Una experiencia preciosa. Muy cultural. Al final compró un Porsche.
No me preguntes cuál.
Boxster.
911.
Box something.
I don't know.
Era pequeño. Muy pequeño. Basically a shoe box with an engine.
Y adivina quién iba detrás como un zapatito metido en la caja.
Yo.
Desde Düsseldorf hasta Madrid.
Wonderful.
Menuda aventura.
Paramos en Toulouse.
Aparcamos el Porsche y nos fuimos a ver la ciudad.
Qué bonito Toulouse. Qué bonito todo.
Oh, look at this.
Oh, look at that.
Hasta que doblamos una esquina.
Y de repente…
Toulouse dejó de parecer Toulouse.
No sé exactamente cómo ocurrió.
Puede que tuviera algo que ver con los porros que se iba fumando el holandés dentro del coche de zapatos.
Yeah, that little carbox.
A esas alturas estábamos todos a little bit on the roof.
El caso es que en cuestión de minutos pasamos del centro turístico a un suburbio que no conocíamos absolutamente de nada.
Y ahí empezamos a hacer inventario.
Ciudad desconocida.
Tres turistas.
Una cámara réflex de unos 800 euros colgando de mi hombro porque en aquella época me había dado por ser fotógrafa.
Y las llaves de un Porsche en el bolsillo.
Three idiots on tour.
Coming guys
We are asking you out loud:
-Please can you I am available to be stolen
Lo mejor es que no sabíamos dónde estaba el coche.
Ni idea.
We had lost the Porsche.
No una mochila.
No un paraguas.
A fucking Porsche.
Y tampoco queríamos preguntar demasiado.
Porque nuestra cabeza, que en aquel momento estaba funcionando al 17%, decidió que cualquier persona que pasaba por allí probablemente pertenecía a una banda internacional especializada en robar turistas idiotas.
Así que pensamos:
Let's blend in.
Claro.
Un holandés rubio de dos metros.
Dos españolas más blancas que la leche.
Una cámara réflex enorme.
Perfectamente camuflados.
Cada persona que aparecía por una esquina nos parecía sospechosa.
En diez minutos ya no estábamos en Toulouse.
Estábamos en The Bronx.
En nuestra cabeza, claro.
After a long time…
Y cuando digo long time te diría que fácilmente dos horas…
Two hours wandering...
Conseguimos volver al centro.
Y allí hicimos lo que una persona inteligente habría hecho dos horas antes.
Preguntar.
Encontramos a unos vascos.
Lo recuerdo perfectamente.
Mi amiga y yo todavía decimos que probablemente eran etarras.
Es una broma. Si eres vasco no me escribas.
El caso es que nos ayudaron.
Y llegamos al coche.
Ya de noche.
The Porsche was there.
Nobody had stolen it.
Nobody had killed us.
Nobody cared about us.
Which is usually the case.
Y ahora viene lo que te quiero contar.
Porque emprender es bastante parecido a perder un Porsche en Toulouse.
You think you know where you're going.
Y de repente doblas una esquina.
Nuevo cliente.
Nuevo producto.
Nueva campaña.
Nuevo problema.
Algo deja de funcionar.
Something changes.
And you have no idea where you are.
Ahí puedes hacer dos cosas.
Pasearte durante dos horas esperando encontrar el coche por casualidad.
O tener un sistema.
Now I have systems.
Por ejemplo.
Cuando aparco el coche en un sitio que no conozco, guardo la localización.
O hago una foto.
O las dos cosas.
Porque sí. También he perdido mi coche en el parking de El Corte Inglés de Castellana.
No necesito drogas. I can create chaos completely sober out of nothing.
Pero aprendí algo.
A system saves your ass.
No necesitas ser más inteligente.
No necesitas estar más motivado.
No necesitas levantarte a las cinco de la mañana y bañarte en hielo.
Necesitas saber qué coño haces después.
Step 1.
Step 2.
Step 3.
That's it.
Y eso es precisamente lo que hago ahora con mis emails.
Tengo un sistema.
No me siento delante del ordenador pensando:
Oh God, what am I going to write today?
Sé cómo empezar.
Sé cómo convertir una historia en algo que te interesa.
Sé dónde meter el aprendizaje.
Y sé cómo llevarte desde una anécdota sobre un holandés fumado hasta una oferta.
Which is exactly what I am doing right NOW.
Ese sistema no lo inventé yo.
Se lo copié a una chica.
Después lo adapté a mi negocio.
Como hacemos todos.
You steal.
You adapt.
You use it.
Y tú puedes hacer exactamente lo mismo.
He puesto el sistema en un curso para que puedas montar tus emails sin perderte por Toulouse cada vez que abres un documento en blanco.
Todo el mundo necesita un sistema.
Porque cuando todo va bien, da igual.
El problema llega cuando doblas la esquina.
Y no tienes ni p*ta idea de dónde has dejado el Porsche.
Empieza aquí.
Solo hasta mañana me siento contigo a implementarlo.
Un sistema de ventas con email marketing:
Por eso monté (copiando el sistema de una experta que con solo 2.500 suscriptores factura 16k/mes) un curso súper simple:
- La secuencia backend que vende sola a cada suscriptor nuevo
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Es Aquí doblando la esquina.
Mañana, mañana
Monica