Hoy he protagonizado un capítulo de Black Mirror.
Ha sido algo así:
Un minuto. Subtítulos en inglés, que esto es internacional.
¿Te imaginas?
Amigo, ya estamos allí.
He tenido que recorrer un edificio entero, hablar con 12 personas diferentes (todas superamables), pasar media mañana allí, aprender terminología que no había oído en mi vida, usar un boli atado a una cuerda varias veces, ser consciente de que esto se podría hacer mucho más fácil y más corto, unas 20 veces…
Fruncido el ceño pensando (esto no puede ser verdad).
Aceptar que las redes sociales solo se basan en un hecho:
tantos likes, tanto vales…
Un poco exagerado, pero MIRA.
Estamos tan apesebrados que el hecho de ir a un sitio donde pensamos que vamos a sufrir, y que nos traten bien, ya nos parece bien.
Pensamos que la vida va de eso.
No sufrir mucho.
Ir a un lugar en el que su propia ineptitud e inutilidad te secuestra, en un proceso demasiado complicado y largo, para justificar sueldos de gente sonriente, que sabe que muy fácilmente perdería su trabajo.
Aunque son funcionarios y tienen un trabajo tedioso asegurado.
¿Y tú?
En fin.
La mayoría de la gente con la que me cruzo, sobra.
Cada vez más.
Y tú lo sabes…
… sabes que es una cuestión de tiempo, que lo que haces en el trabajo no tiene mucho sentido, y ya solo te queda sonreír.
De oreja a oreja.
Y aguantar el tiempo que te queda para jubilarte.
A ver, ¿sonríe?
Vete practicando, o haz otra cosa…
Hay gente que, si se lo monta bien, consigue un negocio de 6 cifras solo con un ordenador y una lista de clientes.
¿Gorda?
¿El qué? ¿La lista?
No hace falta.
Mira, con una pequeña audiencia, escribiendo cada día, y con un producto, que puede ser el de otro.
No, no necesitas saber mucho de nada, solo vender.
Vender, y vender algo bueno.
¿Tú tienes algo bueno?
¿No?
Pues lo lógico es que vendas algo de otro.
Y no, todavía no estoy vendiendo desde la montaña o una isla exótica; estoy atrapada en el Ministerio del Tiempo, rodeada de gente sonriente…
A-TE-RRA-DOR
Mañana, mañana.
Monica